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Bikaeguna 2024

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En el seno de la comunidad de la Vicaría, hay un día que destaca entre todos los demás, un día de unión, reflexión y servicio: el Bikaeguna. Este evento anual reúne a todos los grupos en una jornada cargada de significado y vitalidad. Este año, el lema del Bikaeguna resonó con una claridad especial: “Enchúfate a la luz”, un recordatorio de la importancia de dejar brillar nuestra luz interior y de conectarnos con la luz que nos rodea. Desde las primeras luces del alba, la comunidad se congregó para celebrar la misa matutina, un momento sagrado donde la historia de San Ignacio de Loyola se entrelazan con nuestras vidas presentes.

En la homilía, el cura nos recordó las palabras de San Ignacio: “Todo lo que él creía que era luz era oscuridad”, una frase que resonaba con la lucha interna y la búsqueda de la verdad que todos enfrentamos. Sin embargo, la historia de San Ignacio nos enseña que incluso en la oscuridad más profunda, la luz de la fé puede brillar con fuerza. “Jesús me ama como soy”, proclamó San Ignacio, una afirmación de aceptación y amor divino que resuena a través de los siglos. El cura insistió en que no guardemos la chispa que Jesús nos da, sino que la utilicemos para iluminar el mundo que nos rodea. Nos recordó que Aita-Ama Dios nos envió lo que más quería para que nunca estemos completamente en la oscuridad. Fue un recordatorio de nuestra responsabilidad de ser portadores de luz y esperanza en un mundo a menudo oscuro y desafiante.

La chavalería se separó por edades, por un lado, la chavalería entre 10-14 años hicieron una yincana en la que han descubierto personas de la historia que nos han dado luz; y por otro lado la chavalería de 14-18 años han hecho una excursión por diferentes asociaciones y proyectos que dan luz y ayudan a la sociedad. Para finalizar con la mañana la comunidad se unió en una actividad significativa: la creación de una cristalera con papel celofán. Esta actividad simbólica nos recordó que el Bikaeguna nos ayuda a sacar esa luz interior que a menudo olvidamos que poseemos. Por la tarde, los talleres libres nos brindaron la oportunidad de explorar nuestros dones y talentos, y de seguir nutriendo esa chispa divina que llevamos dentro. Desde la música hasta el arte, cada taller era una invitación a seguir brillando con la luz que nos rodea.

El Bikaeguna es más que un día en el calendario de la Vicaría, es un recordatorio anual de nuestra llamada a ser portadores de luz en un mundo sediento de esperanza y amor. Que la luz que hemos encontrado en este día nos guíe en nuestro viaje, iluminando cada paso que damos y recordándonos que, juntos, podemos hacer brillar la luz de Cristo en los rincones más oscuros de nuestro mundo.