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Domingo de ramos, abramos las manos

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Un antiguo refrán dice: “domingo de ramos, el que no estrena, es que no tiene manos”. Se refería a la costumbre de estrenar la ropa de primavera el domingo de ramos, para empezar la semana santa vestidos con ropa de gala o de marca. Y la gente pensaba que el que no estrenaba era, o porque no sabía coser, o porque no quería trabajar con sus manos para ganar dinero y comprar ropa. Otros dicen que este refrán se lo inventaron los sastres y modistas para vender. Adaptemos el refrán al siglo XXI: “domingo de ramos, vivamos como hermanos y abramos las manos”.

Llevar el ramo en la mano significa apostar por Jesús, que vive desde el amor hasta la cruz, y poner a Jesús en el centro de nuestra vida. El ramo, de laurel o de olivo, simboliza los brotes verdes de la nueva vida de la pascua, que este año es el 17 de abril, porque es el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera. Estos ramos quemados se convertirán en la ceniza del próximo miércoles de ceniza. Y de las cenizas de la muerte, Jesús resucitará un año más en nuestro mundo y en nuestra Unidad pastoral. Como los seguidores y seguidoras de un equipo deportivo llevan en sus manos un símbolo de su club, y los olímpicos una antorcha, nosotros llevamos en nuestras manos, solidarias y abiertas, un ramo, en el que están presentes los sufrimientos de la gente, las víctimas de la guerra de Ucrania y de tantos otros lugares, la pasión de Cristo que hoy se prolonga en las personas que están hechas un “cristo” en el actual sistema económico que genera tanta pobreza y desigualdad.

Jesús entra en Jerusalén, montado en un burro, en son de paz, para que se bajen del burro los que siguen fomentando guerras, violencia y exclusión social. Abramos las manos para compartir y abrazar, para perdonar y levantar, para reconciliar y cuidarnos mutuamente, manos de hermanos con los ramos en las manos.